"La situación será muy delicada; menos lluvias y aumento de las temperaturas"

El meteorólogo asegura que los actuales modelos de predicción apenas dejan margen al error · El tornado de 2009 y las inundaciones de 1989 han sido dos de los fenómenos más impactantes que ha estudiado

Meteorólogo de profesión y físico de carrera. Llegó a Málaga en 1989, curiosamente el año en el que se produjeron las mayores inundaciones que esta ciudad ha padecido. Entre sistemas numéricos, radares y herramientas informáticas, Sánchez traza las claves del cambio climático y se muestra atento a las posibles situaciones peligrosas que se pudieran producir.

-Primera pregunta de manual para un meteorólogo. ¿Cómo está afectando el cambio climático?

-Ya está aceptado por los científicos más doctos en la materia. De las últimas observaciones que tenemos, derivadas tanto de las temperaturas de la tierra como de la pérdida de hielo en los polos, se puede deducir que todo va encaminado hacia esa dirección. El aumento de las catástrofes naturales y fenómenos extremos vienen a corroborar las teorías del cambio climático.

-¿Cómo afectará al Mediterráneo y a Málaga en concreto?

-El clima mediterráneo es muy particular y está influenciado por la posición que tenemos con respecto al anticiclón de las azores. Se da en otros puntos como California o Chile y es un clima que oscila entre las lluvias del invierno por el paso de frentes, un clima propio de las latitudes medias, y el calor y la escasez de precipitaciones en verano, algo propio de las latitudes subtropicales. El efecto que puede producir es que las borrascas que pasan durante el invierno por esta zona se desplacen al norte, por lo que tenderemos a una situación caracterizada por el aumento de las temperaturas y la disminución de las precipitaciones. La situación será muy delicada; menos lluvias y aumento de las temperaturas.

-A los que se reían de las teorías del cambio climático, ¿qué les diría ahora?

-Ahora me acuerdo de Putin, que bromeaba sobre estas teorías y el año pasado no dudaba en culpar del cambio climático a la oleada de incendios que se registraron en Rusia. La opinión pública está cambiando, salvo en Estados Unidos, que, curiosamente, es el país que más CO2 emite. Lo que ocurre es que si no hay acuerdo con este país, el problema difícilmente se podrá solucionar.

-¿Qué ha pasado para que ya no se escuche por la calle aquella teoría de que 'el hombre del tiempo siempre se equivocaba'?

-Se ha avanzado muchísimo en todas las cuestiones relativas a la predicción. Ahora tenemos modelos que predicen el tiempo a partir de ecuaciones de la física y datos de satélites, además de los convencionales. Ahora conocemos mucho mejor el tiempo y lo que puede suceder.

-¿Hasta qué punto son fiables?

-A cinco días son muy fiables, aunque depende de la situación. Por ejemplo, el paso de un frente es muy fácil de predecir. Otro caso es una gota fría, es decir, una borrasca que se queda aislada. Este tipo de fenómenos que se comportan de un modo más errático son muy difíciles de predecir.

-¿Un fenómeno como el del tornado de 2009 se podría haber predicho?

-No. En Estados Unidos, donde son mucho más grandes que aquí, sí se pueden predecir porque cuentan con sistemas de radares que detectan señales y calculan en cuántas horas se pueden formar. Aquí no tenemos esa posibilidad pese a que hay más tornados de lo que la gente piensa. Todos los años se producen cinco o seis, la mayoría son trombas marinas que vienen del mar y producen daños en los invernaderos. Pero, evidentemente, ninguno de ellos tiene la importancia del tornado que me cita. No existe en la historia de España un fenómeno de ese tipo. Habría que remontarse a uno que se produjo en Cádiz en el siglo XVII o a otro en Madrid en el XIX, pero no tenemos constancia de un tornado que haya producido tantos daños a su paso por una ciudad. Tenga en cuenta que tuvo un radio de acción de 400 metros de anchura.

-¿Ha sido el fenómeno más apasionante que ha investigado?

-Sí, fue muy importante. Aunque también me acuerdo de las inundaciones de 1989, que fueron impresionantes. Ahora estamos estudiando el caso de Aguilar de la Frontera, donde murieron dos personas. Esa situación también fue tremenda con 200 litros en cinco horas. Otro fenómeno que estudiamos fue la tormenta Delta que incidió sobre Canarias, un fenómeno insólito.

-¿Qué recuerda de las inundaciones de 1989?

-Ese día no estaba de servicio. Sí me tocó trabajar el 26 de noviembre, el día en el que El Palo se inundó. En aquella época no teníamos radares, pero los modelos numéricos alertaban de que podía pasar algo, pero no de esa violencia. Trabajábamos en el aeropuerto y los compañeros se quedaron aislados.

-Decía antes que la tendencia es que cada vez llueva menos. ¿Lo mantiene pese a los niveles de estos dos últimos años?

-Sí. Está claro que en estos dos últimos años no nos podemos quejar. Pero tenga en cuenta que esa situación siempre se ha registrado aquí. Es una variación que es natural en el sistema climático que es imposible de predecir. Cada cierto tiempo el paso de las borrascas y de los anticiclones que están al norte de la península descienden a nuestras latitudes. Son años en los que llueve mucho y es un fenómeno que se conoce como oscilación del Atlántico norte. Hay otros fenómenos más globales como el Niño que sí se pueden predecir, pero éste en concreto no. Por el momento, no se ha dado con la pista.

-Supongo que a un meteorólogo también le afecta los recortes del Gobierno.

-[Se toma un tiempo para responder la pregunta] En el estatuto de la Agencia Estatal de Meteorología [Aemet] está reconocida nuestra labor como un servicio especial. Tenga en cuenta que los vuelos no pueden despegar sin nuestras predicciones. El Estado, en el marco de la actual crisis económica, está haciendo un esfuerzo notable, pero es cierto que no se están renovando contratos, como ocurre en el resto de las administraciones. Pese a ello, nos han trasladado el firme propósito de que nada se va a paralizar porque prestamos servicios, entre otros, a la aviación civil, a la marina mercante, a Defensa... Ha habido problemas y se ha recuperado el tino, pero los recortes terminan por afectar.

-¿Que sería de un meteorólogo sin el apoyo informático?

-Tendríamos que regresar a un método de trabajo muy primitivo. Antes, por ejemplo, no podíamos hacer nada desde Málaga. Ahora, en cambio, tenemos el problema de tener un exceso de información que debemos cribar y concretarla. Tenemos información de todos los niveles y el meteorólogo, literalmente, no tiene tiempo para estudiarla. Ahora debe saber lo que mira. Dentro de unos años los modelos de predicción terminarán por hablar y el meteorólogo deberá estar cada vez más preparado para poder añadirle un valor añadido al que dice la máquina. Luego, además, debe estar bien preparado para poder trasladarlo ala sociedad.

-La pregunta que están esperando los cofrades. ¿Lloverá esta Semana Santa?

-Todavía no lo sabemos. Las predicciones apuntan a que la primavera será normal. En abril lo normal es que llueva cuatro o cinco días, pero todavía no sabemos cuándo.

-¿Le gustan las procesiones?

-Sí, mucho. A la gente que viene de fuera le sorprende mucho.

-Usted nació en Sevilla, ¿con cuál se queda?

-De muy pequeño, mi familia me apuntó a una hermandad de la que sigo siendo hermano. Es lícito a que uno le guste más lo que ha visto desde muy pequeño.

-Dígame un sitio para ver una buena tormenta.

-[Risas]. Para ver una buena tormenta en el mar cualquier sitio es bueno. El Castillo de Gibralfaro o los Montes son dos buenos sitios.

-Otro sitio para tomar el sol.

-Los Baños del Carmen.

-Su estación del año preferida y por qué.

-El verano siempre me ha gustado por el calor.

-¿Es Málaga algo más que sol y playa?

-Yo creo que sí. Málaga ha experimentado una notable evolución en estos últimos años. Es verdad que el tiempo sigue siendo algo muy importante para la ciudad y que sustentó su desarrollo sobre él. El clima le ha dado múltiples beneficios a esta ciudad. Pero Málaga también es el Parque Tecnológico de Andalucía, la Universidad de Málaga, que tiene un potencial muy interesante.

-¿Usará el Metro para venir a trabajar [la Aemet tiene su sede en Teatinos]?

-Si no me he jubilado, sí. [risas]. El Metro es sinónimo de una ciudad moderna. En Málaga, por ejemplo, también se ha dado un gran salto con respecto a las redes de comunicación. Por ejemplo, la hiperronda me viene a mí muy bien aunque no está terminada al completo. Lo que me han quitado con el recorte me lo ahorro al usar esta carretera [risas].

-¿Qué haría con el Guadalmedina ahora que todos están intentado aportar ideas?

-Creo que Málaga no puede asfixiar a su río y habría que dejarlo en paz, pero no soy un experto en la materia.

-El viernes se inauguró el Palmeral de las Sorpresas. ¿No cree que Málaga ha vivido en estos últimos años de espaldas al puerto?

-Puede ser. Málaga siempre ha vivido muy aislada de su puerto. Sobre el Palmeral de las Sorpresas, hasta que no lo visite no le podré dar mi opinión.