Proyectos de carbono forestal: las desigualdades de la reducción del cambio climático en Chiapas

Los proyectos de carbono forestal son un mecanismo para responder al problema del cambio climático global -causado en gran 

parte por estilos de vida basados en el consumo excesivo- precisamente a través del consumismo. Es una respuesta neoliberal al cambio climático mundial que da pie a más consumo, pero que es incapaz de dar respuesta a los problemas inherentes al consumo excesivo, el cual generó en sí el incremento en el dióxido de carbono. En términos prácticos, los que podrán "compensar" sus emisiones de carbono -los ricos del mundo- seguirán contaminando. 

Introducción 

En años recientes se ha reconocido en todo el mundo que el cambio climático es una grave amenaza para el bienestar de los seres humanos y para el medio ambiente que nos rodea. Los científicos y los académicos han confirmado que las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) son un factor fundamental detrás de los cambios, siendo clave en especial el dióxido de carbono (CO2). En años recientes, los esfuerzos por reducir los cambios climáticos se han centrado en parte en reducir las emisiones de los gases de efecto invernadero y en la captura de gases -como el CO2- de la atmósfera. Algunas formas de lograr este cometido son la forestación, la reforestación y los proyectos para la conservación de bosques. La idea detrás de estos proyectos es que los bosques son un elemento importante para la captura de dióxido de carbono y por tanto la revitalización de bosques marginales, la creación de bosques en áreas donde antes no había y la conservación de los bosques existentes son una parte importante en el servicio que desempeñan en la captura de carbono, o lo que se ha venido a llamar los servicios del ecosistema.

Otro aspecto importante de estos proyectos son las medidas nacionales e internacionales que se ha formulado en las Naciones Unidas y en distintos países como México que buscan compensar la emisión de carbono a través de la compra de "créditos de carbono". Estos créditos de carbono se generan a través de distintos mecanismos de pago por los servicios del ecosistema (PSE), en los cuales se desembolsa una

compensación monetaria a las personas que participan en la forestación, reforestación o en la conservación de bosques que capturan el carbono de la atmósfera, y de esta forma crean créditos de carbono. Los créditos de carbono se comercializan en el mercado donde participan consumidores de servicios del ecosistema -que pueden ser gobiernos nacionales, empresas privadas e individuos que pretenden reducir el cambio climático mundial a través de la disminución del impacto de sus actividades generadoras de carbono.

Los proyectos de carbono forestal se realizan en varios países en desarrollo, incluso en América Latina. Quienes los defienden afirman que estos proyectos tienen al menos dos efectos sociales positivos: en primer lugar, son intentos sensatos para reducir el cambio climático mundial a través de la captura de carbono; y además, tienen la posibilidad de fomentar el desarrollo económico en las comunidades, gracias a los pagos monetarios que se hacen a los habitantes que participan en estos proyectos. En Chiapas los primeros proyectos de carbono forestal se realizaron a mediados de los años 90 cuando se creó el Fondo Bioclimático en los municipios de Chilón, Las Margaritas y Comitán. Desde entonces se han realizado proyectos similares en la Selva Lacandona, en las comunidades de Marqués de Comillas y Maravilla Tenejapa, en el noreste del estado en el municipio de Pueblo Nuevo Solistahuacán y, más recientemente, en la Sierra Madre, en las Reservas de La Sepultura y El Triunfo. En entrevistas realizadas para este Boletín, varias personas que participan en los proyectos de carbono forestal indicaron que los mismos se han multiplicado, a tal grado que Chiapas es hoy el estado puntero en México en proyectos de carbono.

Sin embargo, a pesar de los beneficios que se atribuyen a los proyectos de carbono forestal, muy pocas veces se analiza el impacto social que éstos tienen en las comunidades. De hecho, dados los supuestos beneficios que los proyectos aportan en términos del desarrollo económico en las comunidades, sería importante analizar cuidadosamente las implicaciones de ese desarrollo, quiénes en la comunidad se benefician y si los proyectos son realmente benéficos como alegan sus defensores. Este Boletín examinará en primer lugar los temas principales relacionados con los proyectos de reducción del cambio climático mundial vinculados al mercado capitalista; en segundo lugar, analiza aspectos de la equidad en el Fondo Bioclimático de Chiapas.

La reducción del cambio climático a través del mercado capitalista 

Es importante el hecho de que los intentos de disminuir el cambio climático mundial a través de proyectos de carbono forestal se hagan desde una perspectiva capitalista. En la lógica de estos proyectos, la naturaleza, en especial los árboles y los servicios ecológicos que generan, son bienes que pueden intercambiarse en el mercado, es decir en un mercado al que acude una amplia variedad de actores interesados en "compensar" sus emisiones de carbono.

Puede ser que a primera vista parezca innovador este método para combatir el cambio climático mundial; sin embargo, la mercantilización de los bosques, de sus "servicios ecológicos" y de su venta a través del mercado de carbono tiene implicaciones serias que exigen un análisis más fino.

En primer lugar, los proyectos de carbono forestal son un mecanismo para responder al problema del cambio climático global -causado en gran parte por estilos de vida basados en el consumo excesivo- precisamente a través del consumismo. Viene siendo en esencia una respuesta neoliberal al cambio climático mundial que da pie a más consumo, pero que es incapaz de dar respuesta a los problemas inherentes al consumo excesivo, el cual generó en sí el incremento en el dióxido de carbono (según el Equipo de Trabajo Internacional sobre Asuntos Indígenas o Internacional Working Group for Indigenous Affairs, 2009). En palabras más directas, en vez de tomar en cuenta que el consumo excesivo es una causa del cambio climático global y que es necesario transformar los patrones de consumo, estos proyectos de hecho fomentan más consumo. En términos prácticos, los que podrán "compensar" sus emisiones de carbono -los ricos del mundo- seguirán contaminando.

En segundo lugar, la mercantilización de los bosques habitados puede dar pie a la transferencia de los títulos de propiedad de los servicios ecológicos del comprador al vendedor (Brown y Adger). Es decir, en un contexto donde los ecosistemas forestales se mercantilizan, éstos pueden ser objeto de compraventa en el mercado de servicios del ecosistema, lo cual puede llevar a un cambio de propiedad donde los ecosistemas ya no sean de las personas que viven en los bosques sino de los actores (personas y empresas) que deseen "compensar" sus emisiones de carbono y que puedan comprar los bosques. En Chiapas, donde la tenencia de la tierra está en pugna, la cesión de los derechos de propiedad de la gente que vive y trabaja la tierra hacia individuos, empresas o países que compran créditos de carbono en el mercado mundial puede producir conflictos.

Finalmente, los proyectos de carbono forestal que responden a la lógica del mercado capitalista, donde se mercantilizan los bosques y sus servicios ecológicos, se aíslan de los ecosistemas de los que son una parte (Kosoy y Corbera, 2009). En otras palabras, la mercantilización termina definiendo a los bosques y sus servicios ecológicos como un bien aislado y objeto de consumo. Así, los bosques y sus servicios ecológicos ya no se definen por las realidades ecológicas y sociales de las que son una parte integral, sino por su valor en el mercado de carbono que se creó para compensar las emisiones de carbono y reducir el cambio climático mundial. El peligro que existe cuando los árboles son considerados como algo aparte del complejo ecosistema del que son parte es que los proyectos de forestación o reforestación que se realizan bajo esta lógica pueden producir serios problemas ecológicos.

Por ejemplo, puede conducir al monocultivo de árboles con el fin de crear grandes zonas de captura de carbono, sin tomar en cuenta la realidad ecológica del lugar particular donde se llevan a cabo tales proyectos.

Los proyectos de carbono forestal y las inequidades resultantes en Chiapas 
Dado el argumento esgrimido de que los proyectos de carbono forestal pueden inducir el desarrollo económico y sustentable de las comunidades, es importante analizar críticamente estos proyectos desde la perspectiva de la equidad. Esto significa analizar los proyectos en términos de su objetivo de producir el desarrollo económico y determinar si el desarrollo es en realidad equitativo. En efecto, es necesario analizar quiénes participan en estos proyectos, qué implicaciones de género tienen y qué efectos provocan en las relaciones intracomunitarias e intracomunitarias. Lo expuesto a continuación tiene su fundamento en el trabajo que se ha hecho sobre los proyectos de carbono forestal en el Fondo Bioclimático en Chiapas. Se analiza particularmente la equidad de estos proyectos, en especial en su relación al género, a las diferencias de ingreso y a las diferencias entre comunidades y dentro de ellas.

Dada la marginación histórica de las mujeres en los proyectos de desarrollo, es importante revisar su participación en los proyectos de carbono forestal. Esteve Corbera (2005; 2007), estudioso de los proyectos de carbono forestal en Chiapas, ha señalado que a pesar del discurso sobre el potencial para el desarrollo económico y sustentable de las comunidades que encierran los proyectos de carbono forestal, las mujeres a menudo son excluidas del proceso de toma de decisiones y sus opiniones casi nunca se toman en cuenta en las reuniones al respecto.

Esteve Corbera afirma lo anterior a partir de lo experimentado por la comunidad Rincón Chamula del municipio de Pueblo Nuevo Solistahuacán donde existen proyectos de carbono forestal. La participación de las mujeres en estos proyectos ha sido casi nula. De hecho la escasa participación de las mujeres demuestra de manera contundente que el potencial de desarrollo de los proyectos de carbono forestal no puede fundamentarse en la equidad donde la inequidad de género existe de por sí. Lo anterior pone en tela de juicio la legitimidad de estos proyectos como mecanismo para impulsar el desarrollo económico y sustentable de las comunidades; más bien, los proyectos tienden a mantener y acaso profundizar desigualdades de género entre hombres y mujeres en las comunidades participantes.

Además de las desigualdades de género, Corbera (2007) sostiene que los proyectos de carbono forestal han obviado en ocasiones la participación de los campesinos más pobres y por lo tanto han contribuido a crear una estratificación de ingresos entre los que participan en estos proyectos de desarrollo y los que son excluidos. Además, Corbera ha determinado que los campesinos con mayores extensiones de tierra son los que tienden a participar más activamente en estos proyectos, ya que pueden dedicar parte de su parcela a la siembra de árboles sin sacrificar la producción de maíz. Los campesinos con parcelas más reducidas no pueden apartar tierras para la siembra de árboles a costa de producir maíz, y por tanto terminan siendo excluidos de los proyectos de carbono forestal.

Un posible efecto grave en las comunidades participantes, resultado de las características inequitativas de los proyectos de carbono forestal, son, por un lado, las divisiones intracomunitarias entre hombres y mujeres que no tienen el mismo acceso a la elaboración de los proyectos o a participar en ellos; por otro lado están las divisiones entre hogares con más o menos ingresos que también tienen una participación desigual en los proyectos. En cada caso, es un grupo (hombres y los hogares de mayores ingresos) el que recibe los beneficios económicos de participar en los proyectos, mientras que los otros grupos son excluidos. El resultado bien puede ser mayores divisiones entre hombres y mujeres, o entre ricos y pobres, incluso se podrían crear nuevas divisiones donde antes no existían. No son precisamente antecedentes que den lugar al desarrollo económico sustentable para las comunidades sino a posibles conflictos destructivos en las mismas. Desde luego, las inequidades encontradas por Corbera generan dudas sobre si los proyectos de carbono forestal en Chiapas podrían generar el desarrollo económico sustentable en condiciones de igualdad. Al contrario, las investigaciones de Corbera desmienten el discurso difundido por las Naciones Unidas y no pocos gobiernos en el sentido de que los proyectos de carbono forestal son parte de la solución para reducir el cambio climático mundial y lograr el desarrollo económico sustentable de las comunidades.

Conclusión 

A pesar del discurso que promueve las virtudes de los proyectos de carbono forestal como una medida parcial para reducir el cambio climático mundial, a la hora de implementarlos surgen serios problemas que generan dudas sobre su validez y su viabilidad como mecanismo para disminuir el cambio climático y producir el desarrollo económico sustentable en los países pobres. Inclusive el hecho de que los proyectos de carbono forestal fomenten más consumismo y eviten promover soluciones a una de las mayores causas del cambio climático mundial, es decir el consumo excesivo, provoca serios cuestionamientos sobre si pueden ser una respuesta adecuada al abundante carbono en la atmósfera.

Asimismo, la transferencia implícita de los derechos de propiedad que produce este mecanismo para responder al cambio climático mundial es un ejemplo de algunos efectos adversos de estos proyectos. Y, finalmente, las inequidades de género y de ingreso que se encontraron en el Fondo Bioclimático en Chiapas son una indicación de que los costos sociales de estos proyectos para reducir el cambio climático pueden ser enormes y de hecho pueden profundizar las divisiones sociales más que inducir el desarrollo comunitario positivo.