El coste económico y humano del cambio climático

¿Qué le pasa a la economía cuando las temperaturas aumentan? El mundo entero parece estar más preocupado por problemas puntuales que por las consecuencias a largo plazo. Olas de calor, tormentas de película y subidas del mar. Lo peor está por llegar. 

El coste económico y humano del cambio climático. - Foto: Getty 
Temas

Hay que admitirlo, es una proposición bastante difícil: poner un precio al cambio climático.

Ni siquiera la gente de números quiere poner un número. Es muy complicado, dicen, y depende en gran medida de incertidumbres como cuándo y dónde estallará la peor tormenta jamás conocida del mundo.

Pero los signos del dólar tienden a ser el punto neurálgico, especialmente cuando vienen antes, digamos, de 13 cifras. Y esto es lo que sucede con el cambio climático.

Decidir el coste de una ola de calor –como la que sacudió recientemente a Estados Unidos- ayuda a determinar cómo de rápido se hace algo al respecto.

En otras palabras, los números dirigen la política.

Aquí hay otra verdad incómoda e inconveniente sobre el cambio climático:

Mientras Estados Unidos lucha con la economía, Europa se ahoga en deudas, Oriente Medio se levanta y Japón y China hacen frente a sus propios retos económicos. Mientras todo esto ocurre, los problemas medioambientales siguen su curso.

Esto está haciendo la vida más difícil añadiendo costes económicos, complejidades políticas y sufrimiento humano adicional en cada uno de los rincones del planeta.

Estos retos se hicieron evidentes el año pasado, cuando el Congreso de Estados Unidos fracasó al aprobar una legislación sobre el clima. Entre los críticos más feroces de la factura climática estaba que sería devastadora para una economía debilitada, aumentando los impuestos y provocando que incluso más gente perdiese sus trabajos.

Como respuesta, la administración de Barack Obama puso el énfasis en los efectos positivos de investigar sobre las energías limpias más que en los efectos devastadores sobre la sequía, la desertización y el aumento del nivel del mar.

Lo que apenas se discutió fue el coste de no hacer nada.

“Está bastante claro que el coste de no hacer nada será superior, excederá al coste de la acción”, dijo Steve Herz, un miembro del programa internacional del clima del Club Sierra, la semana pasada.

Revisemos un momento la ola de calor de Estados Unidos. No es la peor manifestación del cambio climático pero es una de la cual hay números específicos y cuantificables disponibles.

The Atlantic publicó una información que levantó ampollas que reveló los costes.

Así, por ejemplo, la pérdida del maíz empujó su precio a sus niveles más altos, alcanzando el punto álgido en junio a 7,80 dólares una mazorca (cuando normalmente está en torno a los 4,20 dólares).

En lo que respecta a la carne, el calor podría no elevar su precio porque también tiende a decrecer la demanda. Pero el calor mata las vacas. Los granjeros del medio oeste informaron de serias pérdidas. Sólo en Ilinois murieron unas 4.000 reses en la última ola de calor.

Además la gente también tiende a morir a causa del calor. El Servicio Nacional Meteorológico informó de que al menos 64 personas murieron en 15 estados a finales de junio. Y esto es tan sólo una ola de calor en un país desarrollado.

Ahora multiplica eso por los problemas climáticos en todo el mundo –desde las inundaciones de China a las grandes tormentas de Bangladesh, al aumento de los niveles del mar causados por el deshielo de los glaciares y de las capas de hielo y suma y sigue – y se pone todavía más de manifiesto la magnitud de los retos.

“Las cosas que podemos medir ya son realmente malas”, dice Laurie Johnson, economista jefe en el Centro Climático del Consejo de Defensa de los Recursos Naturales, en una entrevista concedida a nuestra publicación. “Pero las que no podemos medir son mucho peor”.

Por ejemplo, es muy difícil cuantificar la pérdida de una isla entera engullida por el mar o la pérdida de todos los arrecifes de coral.

Decenas de miles de vidas se han perdido este año en Somalia debido a la peor sequía que ha experimentado el país en seis décadas.

Los científicos solían desconfiar de la correlación de una única tormenta de magnitud sin precedentes con el cambio climático.

Pero ahora emergen las tendencias que rompen récords y continúan sucediendo durante largos períodos de tiempo. Y a los científicos les gustan las tendencias.

El Washington Post informó la semana pasada de que 2011 es ahora junto con 2008 el peor año de desastres meteorológicos que más millones de dólares ha costado a Estados Unidos – y la estación de los huracanes está por venir.

El desbordamiento del Río Missouri, que está en curso, colocó al año 2011 en primera posición, causando unas pérdidas de 4.000 millones de dólares.

A nivel mundial, la aseguradora alemana Munich Re Alemania dijo que 2011 había acumulado en la primera mitad del año las mayores pérdidas hasta la fecha, aunque una gran parte se debe a los costes de penalización asociados al terremoto de Japón de marzo de 2011.

“Los 265.000 millones de dólares en pérdidas económicas hasta finales de junio en Estados Unidos superan las cifras totales de 2005, hasta la fecha el año con menor coste (220.000 millones de dólares en todo el año), escribió la compañía en un comunicado en julio.

Sir Nicholas Stern, un economista británico, en un informe sobre el cambio climático en 2006 encargado por el Gobierno del Reino Unido, reveló que el fracaso al reducir las emisiones de gas de efecto invernadero supondría una caída de 20 puntos en el producto interior bruto mundial en 2050, mientras que el coste de la economía global de afrontar el tema sería tan sólo de en torno al 1%.

No actuar significa que continuaremos con nuestra trayectoria actual, que la mayoría de los científicos del clima están de acuerdo en que nuestro planeta será más cálido y subirá la temperatura una media de 4 grados Celsius en 2060 o 2070.