La captura de CO2, ¿Clave para salvar el clima o falsa esperanza?

Madrid, 8 jul (EFE).- Capturar el CO2, principal causante del efecto invernadero, que emiten las centrales térmicas e inyectarlo bajo tierra es una de las posibles opciones para reducir las emisiones sin renunciar a los combustibles fósiles, pero... ¿es realmente esta la clave para salvar el clima o una falsa esperanza?

Mientras la comunidad científica se divide a la hora de confiar o no en el potencial de esta tecnología aún sin explotar en ninguna planta comercial y los ecologistas se oponen mayoritariamente, los gobiernos parecen ver en ella una de las vías para recortar sus emisiones.
Entre ellos, el de España que recoge esa opción en la Estrategia Española de Cambio Climático y Energía Limpia (2007-2020) y que ha sido el primer país en transponer la directiva europea en esta materia -en la Ley de Almacenamiento Geológico de Dióxido de Carbono-.

La punta de iceberg de su apuesta es el proyecto Compostilla, que desarrolla a través de la Fundación estatal Ciudad de la Energía y con el apoyo de las empresas Endesa y Foster Wheeler Energía, y que ha logrado ser una de las seis iniciativas respaldadas por la Unión Europea para la investigación y desarrollo de estos procedimientos.

La primera fase de Compostilla (2009-2012) se desarrolla en tres instalaciones que ilustran a la perfección el funcionamiento de esta tecnología, que promete neutralizar hasta el 90% de las emisiones que se originan durante la combustión en centrales térmicas, refinerías de petróleo, cementeras o siderurgicas.

La primera de ellas es la planta de captura de CO2 de Cubillos del Sil, que emerge como un moderno complejo de hierros y tuberías multicolores de cerca de 65.000 metros cuadrados en la comarca leonesa del Bierzo, junto a una antigua planta de carbón.

Su objetivo es que el 90% del CO2 producido en una caldera de carbón adyacente no vaya a la atmósfera mediante su captura por el procedimiento de la oxicombustion (combustión de carbón con oxigeno).

Una segunda instalación estudia cómo transportar el CO2 capturado en las condiciones más óptimas; y una tercera, situada en Hontomín (Burgos) investiga como inyectarlo a 1.600 metros de profundidad de la superficie, donde se almacenará por un tiempo indefinido y sometido a una monitorización constante.

"La inyección se realiza a profundidades a más de 800 metros porque a partir de esa profundidad el CO2 ocupa un volumen 500 veces menor que en superficie", explica Modesto Montoto, director del Programa de Almacenamiento.

Montoto agrega que para el almacenamiento se requiere una "roca almacén" con agua salobre en sus poros que permita la disolución del CO2 inyectado y una roca sello en la parte superior que impida el dióxido de carbono almacenado escape.

El proyecto Compostilla cuenta con una inversión de 128,4 millones de euros, pretende convertirse en motor de desarrollo económico y empleo en la zona y, sobre todo, en centro mundial de referencia en el desarrollo de este tipo tecnologías y en esperanza para recortar emisiones.

De hecho, el director del Programa de Captura de CO2, Vicente Cortés llega a afirmar que el dióxido de carbono que emite España en un año cabría en un almacén subterráneo de 40 kilómetros de largo y de 200 metros de alto.

Compostilla prevé una segunda fase (2012-2015) que contempla la construcción de una planta de 300 megawatios en la central térmica de Endesa en Cubillos del Sil, cuyas emisiones de CO2 se inyectarían en un lugar cercano a la planta.

La mayoría de las organizaciones ecologistas españolas, consideran, sin embargo, que las tecnologías de captura y almacenamiento de CO2 constituyen una "falsa esperanza" impulsada por el sector del carbón para justificar la construcción de nuevas plantas, y que son "arriesgadas y caras".

"Enterrar el dióxido de carbono es enterrar el dinero necesario para las verdaderas soluciones al cambio climático, como las renovables, y sepultar el futuro de las próximas generaciones", señala Raquel Montón, portavoz de Energía de Greenpeace.EFE