Agua y alimentos para el futuro 

Según el Banco Mundial, para las próximas décadas el panorama internacional en materia de alimentos y disponibilidad de agua no luce despejado.

Para comenzar, el Banco considera que en la actualidad los países de África, Oriente Medio y Asia meridional están afectados por una severa falta de agua.

Para el año 2025 se estima que 4.000 millones de personas, que para esa época representarán cerca de la mitad de la población mundial, vivirán en lugares sujetos a altos riesgos de inundaciones y sequías.

De otra parte, para 2050 se espera que en el mundo habiten 2.300 millones de personas adicionales que representan un tercio más de la población actual. Esto implicará que la demanda por alimentos aumentará de manera importante.

Para responder a las futuras necesidades de alimentos no sólo se requerirá un uso más eficiente de las actuales fuentes de agua, sino que se necesitará disponer de fuentes adicionales.

Pero las demandas crecientes de uso de agua no vendrán únicamente de la producción de alimentos.

El Banco Mundial estima que la demanda de energía también se duplicará en los mercados pobres y emergentes, y gran parte de la respuesta a esta demanda provendrá de la energía hidroeléctrica.

Para hacer aún más crítico el panorama, durante los últimos años el elevado requerimiento del recurso hídrico ha dado lugar a la acelerada extracción del agua subterránea más allá de su índice de recarga natural.

Esta extracción, que representa el 20 por ciento del uso total, está aumentando velozmente para soportar los usos agrícola, urbano e industrial.

Más aún, en las zonas urbanas de los países en desarrollo el agua suele estar contaminada, hasta el punto de que la gran mayoría de los ríos de sus ciudades se encuentran degradados.

Esto tiene grandes impactos en la calidad de vida de los habitantes y amplias repercusiones en materia sanitaria y medioambiental.

Por todas estas cosas, la gestión sostenible de los recursos hídricos ha venido cobrando importancia frente al aumento de la población mundial y a un proceso de desarrollo económico que estimula y genera la demanda de más y mejor comida. Esta situación se agudiza todavía más debido a la variabilidad hidrológica, expresada en fuertes lluvias, severas sequías y desbordadas inundaciones como consecuencia del cambio climático.

Frente a estas realidades, el Banco Mundial considera que el desafío que el mundo tiene frente al recurso hídrico está en saber aprovechar, de manera sostenible, el potencial productivo del agua; limitar sus impactos destructivos, como es el caso de las inundaciones, y lograr una seguridad básica del mismo.

En este orden de ideas, el Banco ha definido que el agua estará en el centro de la ayuda que prestará a los países para adaptarse al cambio climático.

También incorporará el tema del recurso hídrico en otros sectores, como el de medio ambiente y el energético, y aumentará la asistencia a la gestión hídrica agrícola para promover el uso eficiente del recurso agua por parte de los agricultores, con el fin de satisfacer la creciente demanda mundial por alimentos.

Pero la problemática mundial del agua no termina allí. Debe tenerse en cuenta que el sustento de las personas más pobres está directamente asociado con el acceso al recurso hídrico.

Esto hace que un manejo adecuado del agua se convierta, desde el punto de vista de las políticas públicas, en un componente crucial del crecimiento, la reducción de la pobreza y la equidad.

Los ciudadanos del mundo debemos entender que el agua es un recurso esencial para la vida y el desarrollo de los países y que, frente a las nuevas realidades, el manejo sostenible del recurso hídrico se ha convertido en un asunto vital para la humanidad.