"Quizás necesitamos un desastre mayor" 

El experto canadiense plantea la encrucijada entre el consumismo y el cuidado medioambiental. Dice que estamos ignorando los avisos de la naturaleza. 

“La Madre Naturaleza puede llenar las necesidades de todos, pero no la codicia de una sola persona” (Mahatma Gandhi). Esta es la primera frase que se lee en la presentación de George Martine —exdirector del equipo técnico del Fondo de Población de la ONU para América Latina y el Caribe—, quien acaba de pasar por Colombia para participar en una serie de conversatorios sobre cambio climático.

Más adelante sorprende a la audiencia con estos datos: “7% de la población mundial (los 500 mil más ricos) aportan el 50% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero; el 50% de los más pobres (1,8 mil millones) contribuyen con el 6%”.

Su discurso es enfático, directo: el modelo de desarrollo de la economía mundial, el aumento desmedido de la producción, son los principales responsables del calentamiento global. Y de la mano de ellos está el consumismo, también desmedido. Para dar una dimensión Martine lanza el siguiente dato: “la producción de carne genera el 20% de los gases de efecto invernadero, según la FAO, y el 51% de acuerdo con Worldwatch”.

¿Cómo explica usted la relación entre consumismo, crecimiento poblacional y cambio climático?
Estamos metidos en un modelo que exige crecimiento de producción constante, que moviliza el motor del desarrollo económico y aporta a la reducción de la pobreza.

Funciona muy bien en ese sentido, pero se está ignorando que este modelo viene acelerando los daños ecológicos y el aumento de gases de efecto invernadero. Entonces estamos en una situación muy complicada, porque hay que atacar la pobreza, todos queremos ser ricos, todos queremos consumir, pero ese modelo nos lleva a un desastre que no hemos dimensionado.

¿Los gobiernos que promueven legislaciones para controlar la natalidad están aportando a la lucha contra el cambio climático?
No tiene mucho sentido. Los países que están afectando realmente el ritmo de crecimiento de la población son los que menos consumen. Entonces en un país como Colombia, que ya está llegando a un nivel de reposición (2,3 hijos por familia), la tasa de fecundidad es menos importante que la proporción de la gente que está desarrollando industria y consumiendo.

¿Cómo llegar a un equilibrio? ¿Hace falta legislación al respecto?
Podemos eventualmente tener legislación, pero el gran obstáculo va a ser superar nuestros valores iniciales. La única forma de parar sería aceptar que debe haber un crecimiento más igualitario, pero no veo a nadie adoptando ese pensamiento, nos hace muy felices consumir. Claro que hay algunas pistas, por ejemplo, la transformación a una economía verde, pero incluso para esa transformación vamos a necesitar mucha energía.

Este es un escenario muy fatalista. ¿No hay manera de cambiar el modelo?
Ni siquiera en Estados Unidos. Los desastres naturales que han azotado al país los últimos años, han afectado la propaganda de quienes sostienen que todos los cambios que estamos viviendo son naturales, que corresponden a una transición histórica. Con esto afectan no sólo las creencias de su población, sino también la opinión mundial, porque EE.UU. es el gran país que domina las ideas y los valores globales. Quizás vamos a necesitar un desastre mucho mayor para hacer que la gente crea.

¿La concentración de la población en las ciudades es también un problema?
¿Sabe cuál es la población urbana en Brasil? 84%, y no creo que hayamos perdido calidad de vida, al contrario, las ciudades dan a la gente muchas más alternativas y es por eso que la migración ocurre. Es un proceso lógico y racional, lo que no es lógico ni racional es la actitud de los gobernantes de pretender que eso no está ocurriendo, de darles la espalda a los pobres que están llegando. Son una población que no tienen lugar en la ciudad, que se establecen en los lugares de mayor riesgo ambiental, y eso evidentemente lleva a la desorganización social, a la criminalidad y tiene efectos ambientales.