'Los municipios tenemos que cambiar el chip y pensar que podemos crear nuestra propia energia' 

¿Qué valoración hace de la celebración de la primera feria de biomasa forestal de Cataluña que tuvo lugar en Vic el pasado mes de febrero?

Es una feria que empieza y lo ha hecho con buen pie. La afluencia de público fue muy importante. Y, desde el punto de vista del contenido, hubo una serie de actos donde se explicó todo lo que había que conocer de un sector como la biomasa, que es un sector de innovación. Por lo tanto, estamos muy contentos y no se nos escapa que el reto es ahora mantener este nivel en sucesivas ediciones.
Durante la feria usted dijo que "la biomasa puede ser nuestro petróleo".
Sí, y así lo creo. En definitiva, el petróleo no es más que biomasa guardada durante muchos años y transformada, pero la biomasa que queremos impulsar es renovable y, con una buena gestión, podemos disponer de una fuente inagotable de energía. El problema es que no todo el mundo lo ve así: algunos piensan en la leña como algo anticuada. Sin ir más lejos, hay ingenieros y arquitectos que son escépticos porque, históricamente, la leña fue superada por el gas y por el petróleo y en su momento parecía que quedaba atrás en la línea del progreso. Evidentemente, sin embargo, el escenario actual nos debe hacer volver a pensar en estos recursos que nunca hemos dejado de tener.
El petróleo cubre un amplísimo abanico de usos y aplicaciones aparte del energético, cree que la biomasa puede aspirar a tanto?
Según el doctor Jordi Bartolí, de la Universidad Autónoma de Barcelona, a partir de la síntesis de la madera, se podrían obtener miles de productos al igual que se obtienen del petróleo; eso es lo que estudia la química verde.
Probablemente uno de los argumentos más importantes en favor de la biomasa es el doble vertiente: energético, por un lado, y la mejora de la situación de los bosques, por la otra. Ambos quedan unidos por la mejora ambiental.
Efectivamente, la biomasa contribuye a solucionar el reto energético y permite la viabilidad de los bosques que es lo mismo que decir la sostenibilidad. Los bosques han de persistir en el tiempo y en el territorio y esto sólo es posible con una gestión que debe consistir en sacar madera, de una manera sensata. Hoy tenemos mecanismos en Cataluña, que ya hace tiempo que se aplican, como el plan técnico de gestión y mejora forestal, que aseguran que la gestión no dañe la sostenibilidad de los bosques.

¿Por dónde debe pasar la estrategia para incrementar el uso de la biomasa?

Como casi todo en la vida por cuestiones económicas. Ahora escuchaba al consejero del interior en el Parlamento diciendo que estamos en una situación crítica de los bosques de Cataluña por la sequía. Una vez más, nosotros los propietarios forestales vamos repitiendo a los sucesivos gobiernos de la Generalitat de los últimos 30 años que hay que abordar la gestión. Concretamente a los gobiernos les hemos pedido que hicieran una sola central de una cierta dimensión para enseñar a la sociedad cómo funciona el sistema y demostrar que es viable. Otra cosa que debemos hacer es repensar las primas a las renovables-que ahora se han suspendido por parte del gobierno central-en el sentido de que sirvan para hacer rentable la biomasa, tanto desde el punto de vista energético como de todos estos productos de química verde que comentaba anteriormente. La prima que ha tenido la biomasa ha sido insuficiente para hacer rentables las inversiones.

¿Qué tipo de central debería ser la misma que mencionaba?

Pues, por ejemplo, una central de 5 MW. De hecho hay muchos proyectos más o menos avanzados, pero no se hace ninguna porque siempre sale el problema de la rentabilidad. Una central hace calor y electricidad y, si se aprovechan las dos cosas, los números empiezan a salir, con la ayuda de una prima igual que las otras renovables. Lo que no vale es proclamar que somos un país de energías renovables y luego no estar dispuestos a pagar su coste. Creo que la ciudadanía debe ser consciente de este coste. Si lo paga el gobierno llegamos a un gran déficit, que es lo que ha pasado. La gente debe entender que pagar las renovables no sólo beneficia a las compañías sino también al entorno: se reducen las emisiones y se obtienen unos bosques mejores. La cuestión de fondo es hasta qué punto nos interesa el medio ambiente y, si nos interesa de verdad, tenemos que ser corresponsables.

¿Y qué pueden hacer los municipios en este ámbito?

Tomar la iniciativa. En Vic llegamos a un acuerdo municipal para que cualquier nueva instalación fuera de biomasa o de geotermia. Un acuerdo como éste es posible en muchos lugares y sobre todo hay que aplicarlo. En Vic hay varios ejemplos: la harinera, el pabellón de deportes y otros equipamientos importantes, como el complejo de los Trinitarios, con un ahorro claro del coste de la energía.

¿Es copiable el modelo de Vic?

Cada lugar tiene que buscar su método y sus fuentes de energía. Lo que está claro es que los municipios, en la medida que nos sea posible, debemos procurar reducir al mínimo el consumo energético. Hay pueblos en Suecia que tienen un balance cero de energía y un balance cero en cuanto a emisiones, gracias al aprovechamiento de los recursos locales. Lo que interesa sobre todo a nivel municipal es cambiar el chip y pensar que podemos crear nosotros mismos nuestra energía. Después cada municipio tendrá más posibilidades o menos pero lo importante es tener esta visión. Por ejemplo, un pueblo como Vidrà de 180 habitantes con la madera que tiene al lado podría plantearse hacer una central propia que le permitiría calentarse y vender la electricidad sobrante.

¿Y para Vic qué horizonte se ha marcado?

A mí me gustaría que toda la energía que usa el ayuntamiento fuera renovable y que el balance de emisiones pudiera ser cero en cuanto a los equipamientos públicos.

¿La dimensión del municipio es un obstáculo para la implantación de la biomasa? No. De hecho encontramos ejemplos de grandes ciudades que han implantado la biomasa, como es el caso de Stuttgart en Alemania, y desde hace muchas décadas. Se pueden construir centrales comunitarias por barrios y hacer distribución urbana sin ningún problema.

Usted que habla con otros alcaldes, ¿cómo incide la situación económica actual en cuanto a tomar iniciativas municipales a favor de la biomasa?

Estamos en un momento malo porque la crisis está afectando a la capacidad de hacer cosas nuevas y sobre todo las ganas de hacerlas. Los municipios están muy endeudados y es más complicado en este contexto plantear nuevas inversiones. Son inversiones iniciales importantes, pero luego se amortizan entre 5 y 10 años, y los beneficios para el municipio son bien tangibles. También se puede plantear de otra manera: si hay que renovar una caldera convencional se puede optar por cambiarla por una de biomasa. Se trata de un gasto ordinario que igualmente se debe hacer, entonces, ¿por qué no aprovechar y, por un coste algo más elevado, dar este paso adelante?

A más largo plazo, estas renovaciones y la gestión de la madera necesaria, son maneras de generar empleo.

Efectivamente, es importante tener esta perspectiva temporal más amplia. Siempre he defendido que la silvicultura crea empleo en el territorio. No puedes trabajar en el bosque a distancia, tienes que ir y, por tanto, esto es una manera de fijar la población y generar riqueza que contribuye al equilibrio territorial.

La cultura del no ha empezado a enemistarse con las renovables. No sé si la biomasa, como tiene menor presencia en el territorio, sufre menos este fenómeno?

Yo creo que no. Basta con mirar el caso de La Garriga donde se ha creado una plataforma contra una central aprobada por el ayuntamiento. No la quieren porque dicen que hará emisiones de CO2. A ver, las emisiones están pero, como la fuente es de biomasa, el balance de emisiones es cero. Ahora, pienso que los políticos nos tenemos que acostumbrar a tomar decisiones y, cuando las tengamos muy claras, sacarlas adelante. Si una iniciativa es legal, y además beneficiosa, es nuestra obligación y nuestra responsabilidad hacerlo así. Y si no te votan que no te voten, pero el país debe avanzar.

¿Qué hay detrás del "no"?

Es muy fácil manipular el miedo de la gente. También hay una cuestión de falta de solidaridad y un cierto egoísmo. Si otros países están haciéndolo y los beneficios son reales, entonces aquí también tiene que funcionar. Hay muchas ciudades del centro de Europa que queman los desechos en el casco urbano y hacen energía y no pasa nada. Esto es un buen uso del territorio y es viable porque la tecnología hoy lo permite y la gente se lo ha de creer, pero es verdad que hay mucha desconfianza últimamente. Y en parte tiene una razón de ser porque es verdad que a veces se les ha engañado con otras cuestiones. Los administradores y los administrados tienen que generar confianza mutua como paso previo para avanzar en los proyectos de manera conjunta.

Cree que el marco legal vigente así como la planificación-concretamente el Plan de Energía de Cataluña-otorgan a la biomasa la importancia que debe tener?

Yo creo que todavía no. La planificación habla de biomasa pero se nota desconfianza en cuanto a la capacidad de gestión de los bosques. Otra cuestión es que se quiere determinar dónde estarán las centrales, pero yo creo que acabarán saliendo allí donde sean rentables. Es un tema más empírico. El papel del marco legal es crear las condiciones favorables para que quien quiera sacar adelante inversiones y proyectos lo tenga más fácil. Esto es lo que no ocurre ahora, que nos encontramos con muchos proyectos que sólo encuentran problemas. Estoy convencido de que, si todo esto se hace bien, el sector forestal de este país responderá. El impulso privado puede convivir perfectamente con todas las iniciativas de los ayuntamientos.