Hoteles, de la cuna a la tumba

Los investigadores Beatriz Rosselló, Andreu Moià, Antoni Cladera y Víctor Martínez del grupo de investigación de la UIB

Sostenible, ecoeficiente ¿a qué nos referimos cuando aplicamos estos términos a la edificación? Generalmente los asociamos al empleo de materiales saludables o a la incorporación de sistemas que favorecen el ahorro energético, pero el concepto no es tan simple, ya que si profundizamos, comenzamos a comprobar que, en ocasiones, pasamos por alto los costes reales que se esconden tras el empleo de muchas de las materias primas usadas en la construcción y que pueden ser mayores de lo que a primera vista parece.
La paradoja comienza con el empleo de materiales naturales, que en sí mismos pueden ser muy saludables, pero ¿de dónde proceden? Y si vienen de la otra punta del mundo, lo que no es infrecuente, el calificativo de sostenible ya puede empezar a ponerse en entredicho, porque las emisiones de CO2 generadas en su transporte suponen un impacto medioambiental.
Lo mismo sucede con la incorporación de elementos aislantes, como pueden ser, por ejemplo, las ventanas o las puertas que para su fabricación requieren producir nuevos materiales y componentes que exigen nuevos consumos y liberan más emisiones nocivas. La pregunta sería ¿es superior la energía ahorrada durante su uso a la consumida para fabricarlas? ¿Cuál es el balance de CO2? Porque si buscamos edificios realmente sostenibles hay que hilar muy fino y comenzar a tener en cuenta factores como la energía embebida en los materiales que pone negro sobre blanco cual puede ser el coste real de un producto cuando se contabilizan las emisiones de CO2 asociadas a su fabricación, uso y tratamiento posterior como residuo.
El análisis de ciclo de vida es una herramienta que investiga y evalúa los impactos ambientales de un producto o servicio durante todo el periodo de su existencia (extracción, producción, distribución, uso y desecho) aportando una información objetiva y de base científica. «De la cuna a la tumba» es la expresión asociada a este método y que, aplicada a los edificios, es el estudio que abarca desde su etapa de prediseño y diseño –cuando el inmueble es concebido e imaginado– pasando por la construcción, ocupación, operación y mantenimiento, hasta el fin de su vida útil –cuando se deconstruye o derriba–.
El secreto está en los materiales
Esta línea de investigación, encaminada al desarrollo de la edificación sostenible que busca el cero en las emisiones de CO2, con el empleo de materiales que hayan producido la menor cantidad posible de este elemento, es la seguida por el grupo de Investigación en Ingeniería de la Edificación y la Gestión Energética de la UIB, que ya hace unos tres años comenzó a aplicar el análisis de ciclo de vida en los hoteles para identificar los procesos que provocan mayor impacto ambiental.

El desarrollo turístico ha consolidado en Baleares un modelo económico y medioambiental poco sostenible, caracterizado por la gran expansión urbanística y por el incremento del consumo energético, de las emisiones de gases de efecto invernadero y de los residuos, así como también por el uso de energía eléctrica basada fundamentalmente en el carbón y los combustibles fósiles. Aunque el turismo es una fuente de riqueza, también es una de las mayores responsables del deterioro delentorno. Y en un lugar donde el atractivo principal son los recursos naturales es necesario implementar estrategias que minimicen los impactos derivados de los más de 2.600 hoteles, con sus más de 400.000 plazas.
"Comenzamos con los edificios turísticos, precisamente, por el peso que tiene este sector en Baleares", explica Andreu Moià, miembro de este equipo de investigación, "realizamos una 'foto' del consumo energético, de las emisiones de CO2 y la generación de residuos en los hoteles, en un tiempo de vida de 50 años".
El ciclo de la vida de los edificios
Para el estudio se han tenido en cuenta cuatro etapas en el ciclo de vida: la de construcción –desde la extracción de los materiales hasta la edificación–; la de uso –que incluye los años en que el edificio se ha mantenido operativo–; la de remodelación, con el mantenimiento estructural y los procesos operativos; y, finalmente, la etapa de demolición, que abarca todos los procesos implicados en el derribo y el transporte de los escombros hasta los centros de tratamiento de residuos y vertederos.
Para la fase de construcción se han analizado los proyectos de edificación de tres hoteles de cuatro estrellas, dos situados en la playa y uno en zona urbana. Esta investigación ha permitido conocer la cantidad de materiales, el consumo de energía, las emisiones de CO2 y los residuos generados durante el proceso constructivo, incluidos la extracción, el transporte y la manufactura de los materiales.
Para la etapa de uso se han estudiado treinta y tres hoteles, incluidos dos de los hoteles analizados en la fase de construcción. Los investigadores han calculado las emisiones de CO2 y el consumo energético que se derivan de la utilización de los hoteles, y han obtenido los datos de la generación de residuos a partir de las encuestas de producción realizadas en los hoteles analizados. También han incluido en la investigación el análisis de la fase de remodelación para conseguir indicadores del impacto de las reformas más comunes que se llevan a cabo en los edificios turísticos.
Los hoteles analizados en las fases anteriores se encuentran en funcionamiento o todavía en construcción, por lo que no ha sido posible obtener datos directos de la fase de demolición. Para analizar esta última fase del ciclo de vida de los hoteles, se ha hecho una aproximación de los residuos que se generarían. El estudio se ha efectuado mediante la aplicación informática TCQ, proporcionada por el Instituto de Tecnologías de la Construcción de Cataluña.
Entre los resultados obtenidos del análisis del ciclo de vida de los establecimientos hoteleros, hay que destacar que los impactos ambientales más importantes se producen durante la etapa de uso de los edificios. En esta fase, el consumo eléctrico es el que genera una mayor cantidad de emisiones de CO2. Este hecho es debido al sistema de producción vigente en Baleares, en que las energías renovables tienen todavía una presencia mínima y representan sólo un 1%. Se ha observado que, con una aportación del 20% de energías renovables, se podría conseguir una reducción del 45% de las emisiones en esta etapa.
También se ha advertido que el 97% del consumo energético total de la fase de construcción se corresponde al gasto derivado de la extracción, la fabricación y el transporte de los materiales de construcción. El acero o el aluminio, por ejemplo, presentan un consumo energético muy elevado, de forma que, si se redujera el uso, el impacto ambiental de los edificios se minimizaría considerablemente.
En cuanto a los residuos, las fases de uso y de demolición generan una cantidad parecida, por lo que la aplicación de sistemas más eficientes de gestión durante el tiempo de explotación de los edificios, así como el incremento de la tasa de reciclaje y reutilización de los residuos procedentes de la construcción y demolición, permitirían reducir uno de los impactos más importantes que se derivan de la actividad turística en las Islas.
Hasta ahora, el sector de la construcción ha sobrestimado el coste de los edificios sostenibles, lo que no ha favorecido que se establezca en Baleares un modelo medioambientalmente respetuoso. Por eso, los investigadores remarcan que la reducción del consumo de materiales, junto con la elección de materiales renovables y locales podría reducir de manera importante el impacto ambiental que se deriva de la construcción relacionada con el turismo