La UR termina un coche eléctrico que genera energía 


La capota solar alimenta los ordenadores; al frenar se cargan las baterías. Y además es rojo brillante... y bonito

Está pensado para la circulación urbana y, por eso, tiene una autonomía de ochenta kilómetros y una velocidad máxima de 80 kilómetros por hora. El coche eléctrico de la Universidad de La Rioja, en concreto del Departamento de Ingeniería Eléctrica, es rojo brillante, de dos plazas sin puertas, completamente silencioso y, por supuesto, sin tubo de escape. De hecho, lo han bautizado como 'Zemic', que vendría a ser Zero Emisiones Contaminantes. 

Este chasis de buggy, con tres baterías, motores eléctricos y diversos módulos fotovoltáicos que alimentan los sistemas de control, se va recargando mientras se frena. Esta mañana se ha presentado en el véstíbulo de Riojafórum ante el presidente del Gobierno regional, Pedro Sanz, y el rector de la UR, José María Martínez de Pisón, pero también estaban los patrocinadores, muchos alumnos de la Escuela de Ingeniería, familiares de otros... 

El proyecto comenzó en una conversación de pasillo hace dos años largos. Aquel reto ha dado como resultado un prototipo diseñado y desarrollado íntegramente en el campus riojano, con la ayuda de trece empresas y entidades. El apoyo de éstas ha sido vital para el desarrollo de la iniciativa, han comentado dos de los alumnos que han trabajado más intensamente en el prototipo, dado que es la base de sus proyectos fin de carrera, Roberto Pascual y Santiago Suanes. 

«Es un coche eléctrico desarrollado íntegramente en la Escuela de Ingeniería, en la UR», ha indicado el director de esta Escuela, José Ignacio Castresana. «Ha sido una gestión del conocimiento exhaustiva porque hemos ido afrontando los problemas de construir un coche partiendo de la nada. El resultado es un vehículo con cero emisiones contaminantes, no hace ruido, no emite humo. Y, desde el punto de visto ingenieril, genera energía además de consumir». 

«La parte de la capota solar genera energía para alimentar los ordenadores del prototipo; cuando se frena, se cargan las baterias y casi 30 por ciento de su autonomía se logra así; el carenado es aerodinámicamente activo... Es absolutamente original, no copia ninguna de las soluciones previas que hay», ha explicado Castresana. 

¿Y el futuro? De entrada, el coche se utilizará para la difusión y para fomentar la curiosidad tecnológica desde edades tempranas. Pero también sucede que este prototipo va a permitir llevar a cabo muchas investigaciones. «Tenemos un banco de pruebas desde el que ensayar, por ejemplo, como se comunican los coches eléctricos con los puestos de recarga», ha indicado el director de la Escuela de Ingeniería. 

«Ha habido tantas innovaciones que tenemos que patentarlas y no descartamos que surjan empresas tecnológicas que puedan desarrollar el prototipo con base comercial. Ahora no descartamos nada, hasta el momento hemos estado muy centrados en el desarrollo».