Europa en coche eléctrico

Un joven de París que lleva tres meses recorriendo Europa con un coche eléctrico recala en Donostia en el último tramo de su viaje tras recorrer 18.000 kilómetros

Detiene su coche eléctrico a pocos metros del Peine del Viento de Donostia -vallado por los desprendimientos- y todo son miradas. Más de un espontáneo se acerca para hacer una foto con el coche, los más atrevidos le preguntan algo y hay hasta quien se asusta y se aparta rápidamente al ser sorprendido al caminar por la carretera pensando que no viene ningún coche por el silencio absoluto con el que circula. La escena se repite junto al paseo de La Concha, en el palacio Miramar, el estadio de Anoeta y allí donde va. 

Serge Reimundez, un joven parisino de treintaytantos, informático de profesión, ha recalado en Donostia en un largo viaje que inició el 18 de junio en París y que le está llevando a dar la vuelta a Europa en un coche eléctrico. Bueno, en un cochazo eléctrico. Es negro, enorme, futurista por fuera y por dentro. Un Telsa S P85, un coche deportivo con una potencia de 310Kw (421 CV) que poco o nada tiene que ver con los pequeños coches eléctricos con forma de huevo que estamos acostumbrados a ver en las noticias. 

El reto, demostrar que son coches que valen más que para circular por ciudad, con una autonomía de más de 300 kilómetros, el viaje consiste en repostar en puntos de carga rápida -en poco más de media hora- y cuando no es posible en cualquier enchufe tradicional, aunque la carga puede alcanzar las doce horas. 

El viaje no es fácil o no lo es dar -en realidad, poder usar- esos postes de carga rápida. “Pese a lo que se dice, no hay mucho interés en Europa por el coche eléctrico, salvo en sitios concretos como Noruega”, explica. Lo ha comprobado él mismo con el vehículo que ha alquilado en París, con el patrocinio del concesionario, para esta aventura. En Noruega los coches eléctricos “no pagan peajes en las autopistas, aparcan gratis y hasta circulan por el carril bus sin miedo a las multas”, además de gozar de ventajas fiscales. “Se lo toman en serio”, añade. 

39 MINUTOS AL TELÉFONO Poco que ver con Donostia, donde ha localizado el único punto de carga rápida que aparece en la web de Ibil, la empresa gestora de carga de vehículos eléctricos participada por el Ente Vasco de Energía y Repsol, en una gasolinera tradicional a la entrada de la capital guipuzcoana. Pero allí no saben qué decirle. Le entregan al menos una tarjeta de recarga que le vendrá muy bien en el Parque Tecnológico de Miramón, donde acude para probar más suerte convencido de que el término Tecnológico tiene que ayudar. 
Pero activar la tarjeta prepago que le entregaron en la gasolinera, menos mal, es un proceso que se alarga 39 minutos en un teléfono prestado -es un 902 al que no puede llamar desde su móvil francés- donde le preguntan todo tipo de datos personales, hasta un segundo apellido que no consta en su documento de identidad y cada cuestión técnica que hace Serge para saber si le servirá el enchufe es un “espere un momento, por favor”. Afortunadamente, el joven viajero además de francés habla perfectamente castellano e inglés y hasta conoce algunas palabras en euskera de una visita anterior a Donostia. 

SOLIDARIDAD DONOSTIARRA La solidaridad funciona también aquí y dos trabajadores del parque que van a coger el coche eléctrico aparcado a su lado, le ayudan mientras sigue colgado del teléfono y hasta le activan el poste con su propia tarjeta -“no te preocupes por el cargo, reposta tranquilamente lo que te haga falta”, le dicen. 

No le hará falta porque tras esos interminables 39 minutos de teléfono consigue activar su propia tarjeta de prepago para la que le exigen un mínimo de 30 euros pese a que con su característico humor francés le hace saber al telefonista que en la tarjeta pone que el mínimo son diez y que no le va a dar tiempo a gastar más porque está de paso dando la vuelta a Europa. Le quedan apenas 20 kilómetros para llegar a Francia, donde el propio vehículo le irá marcando nuevos postes de recarga de la propia marca del coche provistos de cable rápido para facilitar y acortar las recargas. 

“Si interesara realmente el coche eléctrico debería ser tan fácil recargar como el que va a una gasolinera y echa gasolina a su coche. Debería bastar con pagar con tu tarjeta de crédito, pero no es así. Cada país, a veces cada ciudad o comarca, tiene una tarjeta prepago propia, que es muy difícil de conseguir o hay que ir hasta la otra punta de la ciudad y volver al poste de recarga. Y lo mismo pasa con el cable, nadie tiene que llevar la manguera en el coche para echar gasolina, los postes podrían tener integrado también el cable de carga rápida, algunos lo tienen pero son muy pocos. ¿Ves? Ni siquiera están las instrucciones de cómo conseguir la tarjeta prepago en los postes y así en muchos sitios”, se lamenta mientras su coche por fin coge fuerzas. 

18.825 kilómetros Serge ha llegado hasta Donostia tras hacer una gira de 18.825 kilómetros y 3,23 MWh consumidos (17 kilowatios por 100 kilómetros), lo que se dice una ruina si hubiera hecho la aventura llenando el depósito de gasolina o gasoil. Pero sobre todo destaca que su viaje es ante todo “mucho menos contaminante” gracias al uso del vehículo eléctrico. 
De su paso por los 23 estados de la Unión Europea que lleva hasta ahora a falta de Irlanda y Gran Bretaña, para completar los 25 con los que enlazará con París -“quizás por el Eurotúnel o cogiendo un ferry, ya llevo seis”- dan cuenta las cientos de fotos que va colgando en Facebook, Twitter e Instagram o en su web (www.euroelectrictour.com). Pero también las noticias de periódico que se han hecho eco en casi todos los idiomas y países visitados de su particular euroviaje. 

Precisamente, a través de las redes sociales le llega un mensaje de un trabajador del Parque Tecnológico de Miramón al que han contado su aventura y lamenta no haber coincidido con él. Está de suerte, el viajero del coche eléctrico sigue en Donostia por segundo día y el hombre acude junto a su mujer y su hijo pequeño a conocer al francés... y su coche. 
carga gratuita en garbera Toca partir y poco antes de abandonar Donostia, Serge decide pasarse por un centro comercial a hacer unas compras y busca uno con aparcamiento para coche eléctrico. Duda entre Arcco Amara y Garbera pero finalmente opta por el segundo, aunque sin mucha esperanza de cargar el coche, visto el lío que ha costado hacerlo el día anterior. 

La sorpresa llega con el rápido y eficaz servicio. En menos de un minuto el coche se está cargando y gratis, tal y como controla desde la aplicación de su teléfono móvil, que le permite conocer el ritmo de carga, si hay alguna incidencia y hasta cerrar el vehículo si lo dejó abierto. Aún queda el último tramo del viaje y en su mente tiene ya una segunda vuelta en unos años para comprobar si la situación ha mejorado. Los días de la excedencia que pidió en el trabajo para esta aventura están llegando a su fin y en unas semanas toca regresar a París y cambiar el coche eléctrico por el metro.