Instalan en España el primer sistema de recarga inalámbrica de vehículos eléctricos

Tecnalia ha desarrollado un sistema que permite la alimentación del coche de forma inductiva. Ubicado en Vizcaya, el usuario sólo ha de ubicar el modelo eléctrico dotado de un receptor sobre una plataforma de carga situada en el suelo y empieza la recarga

El uso de un vehículo eléctrico supone un importante ahorro por el precio de la electricidad en comparación con los carburantes y permite, entre otras ventajas, exenciones del impuesto de circulación en muchas ciudades. Sin embargo, y a pesar de que las subvenciones suponen un claro estímulo a la demanda de eléctricos, las compras no despegan. La falta de infraestructuras para su recarga (aunque en algunas ciudades hay «demasiadas» en comparación con el número de vehículos «enchufables») disipa a muchos compradores. Otro problema es la falta de comodidad durante la recarga. Y en este sentido, Tecnalia ha dado un paso de gigante al desarrollar un sistema de recarga inalámbrica, «el primero de España y, que sepamos, también de Europa», explica a este semanario Javier García Tejedor, director de Desarrollo, Negocio, Energía y Medio Ambiente de Tecnalia.

La novedad de este sistema, inaugurado el pasado miércoles en el Parque Científico y Tecnológico de Zamudio, en Vizcaya,  es que la alimentación del vehículo (tanto automóviles como autobuses) es inductiva; es decir, la energía se transmite a través de un campo electromagnético.
Su funcionamiento es sencillo. El usuario únicamente ha de ubicar su vehículo eléctrico dotado de un elemento receptor bajo el coche sobre una plataforma de carga ubicada en el suelo. Cuando el emisor detecta que el coche está encima, se conectan de forma inalámbrica y comienza la transferencia de energía.

Pros y contras
El tiempo de recarga es similar a los conductivos, «ocho horas, como en la conexión doméstica», afirma Tejedor. Y evita, además, que tanto en casa como en la acera se tengan que poner tantos enchufes, lo que da un plus de comodidad y evita que puedan dañarse  por actos vandálicos. Además, una vez se ponga en el mercado, «costará menos de mil euros», estima Tejedor.  
Otra ventaja es que las bobinas, que hacen de emisor y receptor, «tienen una vida infinita, ya que no hay partes móviles ni entran en contacto unas piezas con otras», asegura el experto.
Si bien, la pérdida de energía es un siete por ciento, porque ésta se disipa por el aire. Sin embargo, ya que «el coste de la electricidad es seis veces más bajo que el de gasolina, tener un 93 por ciento de rendimiento no es tan importante, ya que la pérdida real es de un uno por ciento», precisa Tejedor. Así, si un coche recorre al año 20.000 km, gasta en gasolina 1.800 euros, mientras que el desembolso con el coche eléctrico es de 360 euros.

Se trata en definitiva de un salto en comodidad en el que lo único que hay que tener en cuenta es que el coche esté ubicado correctamente y que no haya nada entre el emisor y el receptor, ya que si hay un gato o un balón éste interferiría y no se llevaría a cabo la recarga.
«En un futuro –prosigue–, los vehículos también se recargarán de forma dinámica, mientras esperan que el semáforo se ponga en verde, por ejemplo».

La innovación en este campo es vital, ya que a medida que vaya habiendo más avances el vehículo eléctrico ya no será el coche del futuro, sino del presente. Y es que, en la actualidad, sólo dos de cada diez empresas españolas ve posibilidades al vehículo eléctrico, según el Barómetro de la empresa Arval, especializada en renting de vehículos. Así, las ventas de automóviles híbridos y eléctricos (los dos juntos) entre enero y septiembre supusieron sólo el 1,4 por ciento del total, según el avance de matriculaciones facilitado por la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones. En cambio, sí empiezan a asentarse las ventas de motos «enchufables». Su implantación es doce veces superior a la de los coches eléctricos, según la plataforma AutoScout24.