Un sello quiere identificar a los productos que no caen en la obsolescencia programada

30/11/2015
La obsolescencia programada es una de las grandes vergüenzas de la sociedad consumista en la que vivimos. Esta característica de muchos productos tecnológicos es una especie de fecha de caducidad artificialmente creada por los grandes fabricantes: con ella, pueden hacer que un ordenador, una lavadora o un microondas se rompa al cabo de x años para que los consumidores tengan que pasar de nuevo por caja y pagar por un producto completamente nuevo. 

Esta oscura práctica fue revelada al gran público en 2011 gracias al fantástico documental ‘Comprar, tirar, comprar’ dirigido por Cosima Dannoritzer, que resume por qué los aparatos o las bombillas duran cada vez menos.

Desde su estreno, millones de personas han tomado conciencia de la obsolescencia programada, pero casi ningún gobierno ha tomado alguna medida que obligue a los fabricantes a no incurrir en este tipo de prácticas. 

Ahora, la Fundación Energía e Innovación Sostenible Sin Obsolescencia Programada (Feniss) quiere que los fabricantes que cumplan con una serie de condiciones no-obsolescentes en la fabricación de sus aparatos puedan lucir una pegatina que así lo acredite, de la misma forma que las empresas pueden lucir en sus productos o publicidades el certificado de calidad ISO 9000. 

¿Quién merecería el distintivo Feniss? Según un artículo publicado en ElDiario.es “puede aspirar cualquier organización que cumpla un decálogo de buenas prácticas. Entre ellas destacan que los productos sean reparables por un coste menor al de comprar uno nuevo o que la garantía del producto sea superior a los dos años obligatorios por ley”. 

El sello de Feniss se otorga de manera gratuita, al contrario que suele ocurrir con los emblemas de denominación de origen o de calidad. La misma fundación persigue que los políticos persigan a las empresas que comercializan productos cuya duración útil esté programada.

Feniss también busca que se creen en toda España talleres de reparación en los que se puedan arreglar dispositivos y se impida que terminen siendo deshecho. El primero de ellos ya está operativo y se encuentra en el barrio del Raval de Barcelona. 

No todo es oro lo que reluce
Detrás de la fundación Feniss está Benito Muros, un ciudadano español que hace 4 años saltó a la fama tras asegurar que había creado una bombilla que según los medios de comunicación “dura toda la vida”. En las entrevistas concedidas en la época, Muros aseguraba que su invento contaba con una tecnología especial que hacía que funcionara sin problemas más allá de los dos años que solían durar las de la competencia. Sin embargo, en este artículo publicado en la página web de La Información se rebatían punto por punto los argumentos de Muros. El primero de ellos, que las LED solo ‘viven 24 meses: este tipo de bombillas pueden funcionar sin problemas 20 años. 

A pesar de estas sombras, la iniciativa de Feniss puede ser una magnifica idea para que los compradores puedan ver de primeras qué compañías ofrecen una mayor garantía a sus productos o cuáles ofrecen recambios baratos, dos circunstancias que últimamente no abundan en la tecnología de consumo.